Un escoliómetro le da una cifra en grados. Esa cifra es el ángulo de inclinación del tronco (AIT; ATR o ART en la literatura internacional): cuánto se eleva un lado de la espalda por encima del otro cuando la persona se inclina hacia delante. Es una medida de cribado de la asimetría del tronco. Si le han dicho que su hijo tiene «X grados de escoliosis», es muy probable que se refieran al ángulo de Cobb, que se mide en una radiografía: esta guía trata de una cifra distinta. Aquí se explica qué significan las lecturas de 5°, 7° y 10°, y qué conviene hacer con cada una.

En resumen. En España la pauta la marca el algoritmo de la AEPap: por debajo de 7° se mantiene el seguimiento clínico cada 6–9 meses (cada 6 si es una niña premenárquica o está en pleno estirón); a partir de 7° se pide una radiografía de columna para medir el ángulo de Cobb; y ese umbral baja a 5° cuando el índice de masa corporal (IMC) supera el percentil 85. Si hace falta derivar, se deriva al traumatólogo o al médico rehabilitador.
El escoliómetro es una herramienta de cribado. No diagnostica la escoliosis, no mide el ángulo de Cobb y no sustituye la valoración de un profesional sanitario ni las pruebas de imagen.
Cuando alguien realiza el test de Adams, cualquier rotación de la columna eleva las costillas o la musculatura de un lado por encima del otro. Si apoya un escoliómetro —uno físico o la Scoliometer App en el móvil— sobre la espalda en el punto más alto de esa giba costal, el aparato mide esa inclinación en grados. Eso es el AIT. Y es, exactamente, la prueba que PrevInfad y la AEPap sugieren que haga el pediatra: test de Adams más escoliómetro, con criterios claros de seguimiento y derivación.
Como el AIT mide la superficie de la espalda y no los huesos, es una señal indirecta. Guarda relación con la curva de la columna, pero de forma imprecisa: los estudios publicados sitúan esa correlación entre r = 0,46 y r = 0,54 (Amendt y sus colaboradores, 1990, en 65 personas ya diagnosticadas) y r = 0,70 (Coelho y sus colaboradores, 2013, en una muestra de 64 participantes con la mitad de casos y la mitad de controles). Dicho de otro modo: un AIT mayor suele acompañar a una curva mayor, pero no se puede convertir el uno en el otro. Por eso las secciones siguientes hablan de qué hacer con cada lectura y no de a qué ángulo de Cobb «equivale». La comparación completa está en AIT y ángulo de Cobb.
| Lectura (AIT) | Cómo se interpreta | Qué se hace en España |
|---|---|---|
| 0°–4° | Baja. Las asimetrías pequeñas son muy frecuentes: Bunnell (1993) midió a 1.000 escolares y el 80 % tenía 3° o más de AIT. | Seguimiento habitual, sobre todo durante el estirón. Anote la cifra para poder comparar más adelante. |
| 5°–6° | Zona de atención. Es el criterio de Bunnell (1984), establecido para identificar curvas de 20° o más de Cobb, no cualquier escoliosis. | Repita la medición con calma (misma persona, mismo nivel de la espalda). Si el IMC supera el percentil 85, la AEPap adelanta a 5° el umbral para pedir la radiografía. |
| 7°–9° | Elevada. Es el umbral de derivación más utilizado, propuesto por Bunnell (1993). | Radiografía de columna para medir el ángulo de Cobb, según el algoritmo de la AEPap. La derivación, si procede, es al traumatólogo o al médico rehabilitador. |
| 10° o más | Claramente elevada. Sigue siendo un AIT: ni un ángulo de Cobb ni un diagnóstico. | Valoración profesional sin demora, normalmente con radiografía. |
| Una subida que se mantiene al repetir la medición | Coméntelo aunque la cifra actual parezca moderada: la tendencia informa más que una lectura suelta. Un cambio de uno o dos grados suele estar dentro del margen de error del método. | |
Estas bandas proceden del cribado con escoliómetro (Bunnell, 1984 y 1993) y de la pauta española de la AEPap. Cada centro puede fijar su punto de corte de forma ligeramente distinta, casi siempre entre 5° y 7°. Conviene recordar algo que sorprende a muchos padres: no existe un programa nacional de cribado escolar de la escoliosis en España. Quien hace esta exploración es el pediatra de atención primaria, y PrevInfad la sugiere expresamente (recomendación débil a favor). Medir en casa no sustituye esa revisión: aporta el registro entre una visita y la siguiente.
Cinco grados está justo en el límite. Por sí solo no es alarmante, pero sí es el punto en el que conviene detenerse en lugar de pasar página. El criterio procede de Bunnell (1984), que lo estableció a partir de 1.065 pacientes como buen criterio para identificar curvas de 20° o más de Cobb. Ese matiz importa: quien dé por hecho que los 5° buscan «cualquier escoliosis» sobreinterpretará un resultado que en realidad es normal. Y para poner la cifra en contexto, en los 1.000 escolares de Bunnell (1993) el 80 % tenía 3° o más de AIT: una asimetría pequeña es lo habitual, no un hallazgo.
Tres cosas deciden qué hacer ante un 5°:
La respuesta sensata ante un 5° estable no es ni alarmarse ni descartarlo: es acortar el intervalo entre revisiones y vigilar la tendencia. En control durante el estirón se explica cada cuánto conviene repetir la medición; y si lo que busca es la tabla general de bandas, la tiene en qué es una lectura normal del escoliómetro.
Siete grados es la cifra a la que apunta la mayor parte de la orientación de cribado y la que marca el algoritmo de la AEPap: a partir de ahí se pide una radiografía de columna para medir el ángulo de Cobb. No significa que haya una curva confirmada ni dice cuánto mide: significa que la asimetría del tronco ya es lo bastante marcada como para que la mire un profesional. El umbral procede de Bunnell (1993), y merece la pena saber por qué eligió ese número: en 1.000 escolares, derivar a partir de 7° suponía derivar al 3 %, mientras que hacerlo a partir de 5° derivaba al 12 %. Es una decisión de eficiencia del cribado, no una frontera biológica.
Se lee a veces que un AIT de 7° «equivale» de media a unos 20° de Cobb. No existe una conversión fiable, y las fuentes se contradicen entre sí: Bunnell (1984) vinculó 5° con la detección de curvas de 20° o más; PrevInfad afirma que un AIT superior a 10° corresponde a una curva de 15° a 20° de Cobb; y la guía de Adolescere (SEMA, 2021) propone que cada 5° de rotación equivalen a unos 20° de angulación. Son equivalencias incompatibles entre sí, de modo que ninguna sirve para una persona concreta. Lo práctico es más simple: a partir de 7°, pida cita en lugar de esperar a ver si la cifra sube.
Diez grados es una lectura claramente elevada y debería llevar a una valoración profesional sin demora; pero, insistimos, sigue siendo un AIT, no un ángulo de Cobb y no un diagnóstico. La monografía de PrevInfad señala que un AIT de más de 10° con el escoliómetro corresponde a una curva con un ángulo de Cobb de 15° a 20°. Es la única equivalencia que ofrece una fuente española y aun así conviene leerla como una orientación de grupo, no como una conversión aplicable a un niño concreto. El profesional explorará la espalda, hará una historia clínica y, cuando proceda, pedirá una radiografía para medir la curva real.
Conviene mantener la perspectiva a la vez que se toma en serio. Buena parte de las escoliosis idiopáticas se controlan con observación, ejercicio o corsé, no con cirugía: PrevInfad recuerda que el corsé, en las curvas que lo requieren, busca precisamente evitar que la curva llegue al umbral quirúrgico. Una lectura alta es un motivo para buscar respuestas, no una sentencia. Sobre quién valora, cuándo y con qué criterios: cuándo consultar al especialista.
Una lectura del escoliómetro vale lo que valgan las condiciones en las que se tomó. La misma persona puede dar cifras distintas según:
De ahí que la técnica importe tanto. Si sus cifras bailan, repase cómo usar un escoliómetro y la guía de precisión de las apps de escoliómetro antes de sacar conclusiones de un solo valor. Y si el AIT se mueve mientras el ángulo de Cobb no lo hace —o al revés—, la explicación está en cambios del AIT sin cambios en el ángulo de Cobb.
La investigación revisada por pares sobre la medición del AIT con el móvil ha encontrado, en general, buena concordancia con el escoliómetro físico y buena consistencia cuando se emplea siempre la misma técnica: Balg y sus colaboradores (2014) hallaron una diferencia media de 0,4° respecto al escoliómetro, con límites de concordancia del 95 % de ±3,1°. Ahora bien, esos trabajos evaluaron el método y diversas aplicaciones, no esta aplicación en concreto, y se hicieron en consulta con pacientes ya diagnosticados: el de van West y sus colaboradores (2022) incluyó a 50 adolescentes ya diagnosticados, con un ángulo de Cobb medio de 38,5°, y utilizó un móvil con una carcasa específica (Scolioscreen), así que sus cifras no se trasladan sin más al cribado de niños sanos en casa. Qiao y sus colaboradores (2014) observaron además que la fiabilidad es mejor en las curvas grandes que en las pequeñas, que son justo las que busca el cribado. En resumen: el móvil puede darle un AIT repetible para cribar y para seguir la evolución, pero una cifra alta o que sube es un motivo para consultar, nunca un sustituto de la consulta.
No. El escoliómetro mide el ángulo de inclinación del tronco en la superficie de la espalda. El ángulo de Cobb se mide sobre una radiografía de la columna. Están relacionados, pero no son intercambiables, y un escoliómetro no puede darle un ángulo de Cobb.
Cinco grados es una cifra de atención, no de alarma, y muchas lecturas de esa zona no se corresponden con una curva importante. Repita la medición con calma, anótela y acorte el intervalo entre revisiones, sobre todo durante el estirón. Si el índice de masa corporal supera el percentil 85, la pauta española adelanta a 5° el umbral para pedir una radiografía.
No. 7° es el umbral que la mayoría de los programas de cribado, y el algoritmo de la AEPap en España, utilizan para pasar al siguiente paso: una radiografía de columna. No es un diagnóstico. Solo un profesional sanitario, normalmente con una radiografía, puede confirmar una escoliosis y medir la curva.
No existe una conversión fiable, y las fuentes disponibles se contradicen entre sí: Bunnell (1984) vinculó 5° con la detección de curvas de 20° o más; PrevInfad indica que un AIT superior a 10° corresponde a una curva de 15° a 20° de Cobb; y otras guías españolas proponen equivalencias distintas. La correlación publicada entre las dos medidas va de r = 0,46 a r = 0,70 según la población estudiada, así que ninguna equivalencia sirve para un caso concreto.
Pequeñas diferencias en la profundidad de la flexión, en la colocación del aparato, en el nivel de la espalda que se mide, en quién mide y en la postura cambian la lectura. Balg y sus colaboradores (2014) cuantificaron esa variación: ±2,7° cuando repite la misma persona y ±4,4° entre dos observadores distintos. Recorra toda la columna, anote el valor más alto y procure que mida siempre la misma persona con la misma técnica.
En los dos sitios. Recorra toda la columna con la persona inclinada hacia delante y anote el AIT más alto que encuentre. La rotación puede aparecer en la zona torácica (la parte alta) o en la lumbar (la parte baja).
Lo que importa no es una sola lectura más alta, sino una subida que se mantiene al repetir la medición con cuidado en otro momento y con la misma técnica. Las mediciones varían varios grados entre observadores, así que un único valor alto casi nunca significa nada por sí solo. Si la subida se confirma, coméntelo con el pediatra sin esperar a la siguiente revisión.
Los umbrales de 5° y 7° proceden del cribado en niños y adolescentes. Un adulto puede usar el escoliómetro para cribar y para seguir la evolución, pero la interpretación de una cifra concreta conviene comentarla con un profesional sanitario, porque la columna adulta cambia por otros motivos.
La Scoliometer App mide el ángulo de inclinación del tronco y le permite anotar cada lectura, de modo que pueda observar la tendencia en lugar de reaccionar ante una cifra suelta. Es una herramienta de cribado, no un dispositivo diagnóstico.
Aviso médico: esta guía tiene una finalidad exclusivamente educativa y no constituye consejo médico, diagnóstico ni tratamiento. Un escoliómetro de móvil mide el ángulo de inclinación del tronco como herramienta de cribado: no mide el ángulo de Cobb y no diagnostica la escoliosis. Los resultados varían de una persona a otra en función de la edad, la madurez esquelética, el tipo de curva, la técnica de medición, el dispositivo utilizado y otros factores individuales. Consulte siempre a un profesional sanitario cualificado sobre su columna o la de su hijo.