5°, 7° o 10°: qué significa tu lectura | Scoliometer App

¿Qué significa una lectura de 5°, 7° o 10° en el escoliómetro?

Actualizado el 15 de agosto de 2026
Tiempo de lectura: ~15 min
Cómo interpretar tus mediciones
Revisión médica del Dr. Kevin Lau, D.C., M.H.N. — Fundador de ScolioLife y desarrollador de la app Scoliometer, con más de 25 años dedicados al manejo no quirúrgico de la escoliosis. Doctor of Chiropractic (EE. UU.) y maestría en Nutrición Holística.
Última revisión: 15 de agosto de 2026. Esta guía es material educativo y no sustituye la valoración individual de un profesional de la salud calificado.

El escoliómetro te da un número en grados. Ese número es el ángulo de rotación del tronco (ATR, por sus siglas en inglés): cuánto se levanta un lado de la espalda respecto del otro cuando la persona se inclina hacia adelante. Es una medida de tamizaje de la asimetría del tronco. No es el ángulo de Cobb, no es un diagnóstico, y el mismo número puede significar cosas distintas en cuerpos distintos. Aquí te explicamos qué hacer con las lecturas más comunes: 5°, 7° y 10°.

Carátula de escoliómetro que muestra lecturas crecientes de rotación del tronco y los valores de referencia para buscar valoración.

En corto. Por debajo de 5° se considera bajo. Una lectura de 5°–6° merece atención y una segunda medición con calma. 7° o más es el valor de referencia que más se usa en el mundo para sugerir una valoración profesional. Y lo que más pesa no es una lectura alta aislada, sino un aumento que se mantiene cuando repites la medición con cuidado en otro momento.

El escoliómetro es una ayuda de tamizaje. Sólo un profesional, casi siempre con una radiografía, puede confirmar si hay escoliosis y de qué tamaño es la curva.

Antes que nada: estos grados no son los de la radiografía

Si llegaste aquí buscando «cuántos grados de escoliosis», empecemos por lo más importante: hay dos números distintos y se confunden todo el tiempo. Cuando alguien hace la prueba de Adams, cualquier rotación de la columna levanta las costillas o los músculos de un lado más que del otro. Apoyas el escoliómetro —uno físico o la app Scoliometer en el teléfono— sobre la espalda, en el punto más alto de esa prominencia costal, y el aparato lee la inclinación en grados. Esa inclinación es el ATR.

Como el ATR mide la superficie de la espalda y no el hueso, es una señal indirecta. Se relaciona con la curva de la columna, pero no de forma exacta: los estudios publicados reportan correlaciones que van de alrededor de 0.46–0.54 con el ángulo de Cobb (Amendt et al., 1990) hasta cerca de 0.7 (Coelho et al., 2013, Brasil). Traducido: un ATR más alto suele acompañar a una curva más grande, pero no se puede convertir uno en el otro. Por eso, en los apartados de abajo vas a leer qué hacer con cada lectura, no a qué ángulo de Cobb «equivale». La comparación completa está en ATR y ángulo de Cobb.

Los valores de un vistazo

Lectura del ATRCómo se interpretaSiguiente paso razonable
0°–4°Bajo. Las asimetrías pequeñas en este rango son muy comunes y con frecuencia no corresponden a una curva importante.Sigue con la revisión de rutina, sobre todo durante el estirón. Anota la lectura para poder ver la tendencia.
5°–6°En el límite. Es suficiente para no ignorarlo, aunque muchas lecturas de este rango no terminan siendo una curva grande.Vuelve a medir con calma (la misma persona, el mismo nivel de la espalda). En niños y niñas con sobrepeso u obesidad, éste es el rango en el que un estudio propone adelantar la valoración, porque el tejido blando esconde la rotación.
7°–9°Elevado. 7° es el valor de referencia más citado a nivel internacional para sugerir una revisión profesional.Agenda una valoración con un ortopedista, un pediatra o un fisioterapeuta con experiencia en escoliosis.
10° o másClaramente elevado.Busca valoración profesional. Una lectura así sigue sin ser un diagnóstico, pero amerita una revisión formal, casi siempre con estudios de imagen.
Un aumento que se mantiene entre medicionesPesa más que cualquier lectura suelta: si el número sube y sigue arriba al repetir la medición con la misma técnica, coméntalo aunque el valor actual parezca moderado.

Estos rangos vienen de las convenciones internacionales de tamizaje: el criterio de 5° es de Bunnell (1984) y el valor de referencia de 7°, de su estudio de tamizaje de 1993. No existe una cifra mexicana equivalente —lo explicamos más abajo—. Cada clínica y cada programa escolar fija su punto de corte un poco distinto, casi siempre entre 5° y 7°. Si buscas los rangos con más detalle, están en valores normales del escoliómetro.

¿Qué significa una lectura de 5°?

Cinco grados está justo en la frontera, y conviene empezar por lo que casi nadie te dice: un poco de asimetría es lo normal, no la excepción. En el estudio de tamizaje de Bunnell con 1,000 estudiantes de preparatoria, 8 de cada 10 tenían al menos 3° de rotación del tronco.

El 5° tiene un origen concreto: Bunnell lo propuso en 1984, a partir de 1,065 pacientes, como criterio para identificar curvas de 20° o más de ángulo de Cobb —no para detectar cualquier escoliosis—. Y sigue siendo el punto de corte más sensible que se ha medido: un estudio brasileño con 64 voluntarios (la mitad con escoliosis idiopática y la mitad sin ella), medidos en 17 niveles de la columna, obtuvo con 5° la sensibilidad más alta, 87 %, frente a un criterio de Cobb de 10° o más (Coelho et al., 2013).

Tres cosas definen qué hacer con un 5°:

  • Que se repita. Vuelve a medir. Un 5° que aparece otra vez en una medición tranquila y cuidadosa dice mucho más que un 5° que salió una sola vez, con prisas.
  • La complexión. En un niño o una niña con obesidad, el tejido blando aplana la prominencia costal y el número sale más bajo de lo que corresponde a la curva; por eso, en ese grupo, 5° es un punto de envío razonable. En una complexión muy delgada pasa lo contrario: las costillas resaltan y la lectura puede quedar un poco por encima.
  • El crecimiento. Un 5° en plena etapa del estirón merece un seguimiento más cercano que el mismo número en un adulto cuya columna ya no está cambiando.

La respuesta sensata a un 5° que se repite no es ni alarmarse ni ignorarlo: es acortar el intervalo entre revisiones y observar la tendencia. En control durante el crecimiento te decimos cada cuánto conviene volver a medir.

¿Qué significa una lectura de 7°?

Siete grados es el número al que apunta la mayor parte de la orientación internacional de tamizaje cuando se trata de decidir si conviene involucrar a un profesional. Viene del segundo trabajo de Bunnell, el de 1993: en 1,000 estudiantes, un criterio de 7° generaba 3 % de envíos a valoración, frente a 12 % con 5°, y su conclusión textual fue que el criterio apropiado son «7° de ATR en cualquier nivel de la columna». Es decir: revisa toda la espalda y quédate con la lectura más alta.

Hay una afirmación que vas a encontrar en muchos lados y que conviene aclarar: que 7° de ATR «equivale» a unos 20° de ángulo de Cobb. Ninguna fuente publicada lo reporta como un hallazgo. Lo que sí existe es otra cosa, y no es lo mismo: Bunnell eligió el criterio de 5° en 1984 precisamente para identificar curvas de 20° o más, y el 7° de 1993 es un valor de referencia para enviar a valoración, no una conversión. Ningún escoliómetro, físico o digital, puede darte un ángulo de Cobb. Lo práctico es más simple: a partir de 7°, agenda la valoración en lugar de esperar a ver si el número sube.

¿Qué significa una lectura de 10°?

Diez grados es claramente elevado y amerita una valoración profesional sin dejarla para después. Aun así sigue siendo un ATR: no es un ángulo de Cobb y no es un diagnóstico. En la consulta van a revisar la espalda, preguntar antecedentes y, si el médico lo considera necesario, pedir una radiografía panorámica de columna. Lleva tus lecturas anotadas y deja que el profesional decida si hace falta un estudio de imagen; esa decisión es suya, no tuya ni de una app. En cuándo acudir al ortopedista explicamos cómo se ve ese trámite en México.

Y conviene mantener la proporción. En un tamizaje de 1,200 estudiantes de 10 a 18 años en Santiago de Chile, donde se mandó a radiografía a quienes tuvieran 6° o más de ATR, la prevalencia confirmada por radiografía fue de 3.83 %, y la enorme mayoría de esos casos —2.91 % del total— eran curvas leves; 0.75 % moderadas y 0.17 % severas (Cárcamo et al., Andes Pediatr, 2023). Una lectura alta es una razón para buscar respuestas, no un veredicto.

Por qué el mismo número no significa lo mismo en cada cuerpo

El escoliómetro lee la superficie de la espalda. Entre las costillas y la piel hay una capa de tejido blando y, entre más gruesa es esa capa, más aplana la prominencia costal y más bajo sale el número, aunque la curva de abajo sea exactamente la misma.

Un estudio siguió esa pista con 483 adolescentes de 10 a 18 años con escoliosis torácica. Los valores de corte que mejor identificaron curvas de 20° o más de Cobb no fueron uno solo, sino cuatro: 8° en quienes tenían bajo peso, 7° en peso normal, 6° en sobrepeso y 5° en obesidad (Margalit et al., 2017). En ese mismo grupo, los adolescentes con obesidad llegaron a consulta con curvas más grandes: 44° en promedio, frente a 34° de quienes tenían peso normal.

Cómo hay que leer ese estudio, con todas sus letras: es un análisis retrospectivo de pacientes que ya habían sido enviados con un cirujano de columna, en un centro de referencia y con un solo cirujano; incluyó sólo curvas torácicas; y los puntos de corte se calcularon para identificar curvas de 20° o más, no cualquier escoliosis. Son valores propuestos por un estudio, no una guía adoptada por ninguna institución —tampoco en México—.

Dicho eso, la idea de fondo es sólida y es la más útil de toda esta guía para las familias mexicanas: el umbral de 7° puede no ser el correcto para tu hijo o tu hija. Si vive con sobrepeso u obesidad, no esperes a los 7°: una lectura de 5° o 6° que se repite ya es motivo suficiente para pedir una valoración. No es que el escoliómetro falle; es que la superficie esconde más. Y al revés: en una complexión muy delgada la prominencia se marca más, así que un número alto merece la misma calma y la misma segunda medición antes de sacar conclusiones.

Por qué te puede salir un número distinto la segunda vez

Una lectura vale lo que valen las condiciones en que se tomó. La misma persona puede dar números distintos según:

  • Quién toma la medición y cómo. Otra persona midiendo, otra profundidad de inclinación o el aparato apoyado un centímetro fuera del punto más alto ya mueven el resultado. En números: entre el escoliómetro físico y una app la diferencia promedio fue de apenas 0.4°, pero para una medición individual el margen de acuerdo fue de ±3.1°, y entre dos examinadores distintos llegó a ±4.4° (Balg et al., 2014). Por eso conviene que siempre mida la misma persona.
  • En qué nivel de la espalda mediste. La rotación puede estar en la parte alta (torácica) o en la baja (lumbar). La lectura que cuenta es la más alta de todo el recorrido, no la del primer nivel que se te ocurrió revisar.
  • La complexión. Como arriba: más tejido blando tiende a esconder la rotación; menos tejido blando tiende a mostrarla.
  • Una lectura suelta contra una serie. Un número es una foto. Varias lecturas tomadas igual a lo largo de los meses dicen muchísimo más, y ése es justamente el punto de registrarlas.

Hay un dato poco comentado que ayuda a entender esto: la confiabilidad de la medición es mejor en curvas grandes que en curvas pequeñas (Qiao et al., 2014). Justo donde el tamizaje más importa —las curvas incipientes— es donde la lectura es más frágil.

Por eso aquí no vas a encontrar un número mágico de aumento que active la alarma. Lo importante no es una lectura alta aislada, sino un aumento que se mantiene cuando repites la medición con cuidado en otro momento, con la misma técnica y la misma persona midiendo. Las mediciones varían varios grados entre una persona y otra, así que un solo valor alto casi nunca significa algo por sí mismo. Si tus números brincan mucho, revisa cómo usar el escoliómetro y los errores más comunes al medir el ATR antes de sacar conclusiones. Y si el ATR se mueve pero la radiografía sale igual, eso tiene su propia explicación: el ATR puede cambiar sin que cambie el ángulo de Cobb.

Una lectura elevada no es un diagnóstico

El mejor ejemplo de esto es mexicano. En un estudio del Instituto Nacional de Rehabilitación con 251 adolescentes —acompañantes de pacientes en consulta externa, no una muestra escolar—, 6.8 % tuvo una prueba de Adams positiva y sólo 2.4 % tuvo escoliosis confirmada por radiografía. El valor predictivo positivo de la prueba fue de 66.6 % (Reyes-Sánchez et al., 2025). Traducido a lo que te importa: una prueba positiva no es un diagnóstico; es una razón para que un profesional lo revise.

¿Qué tan confiable es medir con el celular?

La investigación revisada por pares ha encontrado buena coincidencia entre la medición del ATR con smartphone y el escoliómetro físico, y buena consistencia cuando se usa la misma técnica con cuidado. Con una precisión importante: esos estudios evaluaron la medición del ATR por smartphone como método, en varias apps y montajes, no una aplicación específica para escoliosis —tampoco ésta—.

Vale la pena leer la letra chica del estudio que más se cita. Midió a 50 adolescentes ya diagnosticados con escoliosis idiopática (44 niñas; edad promedio de 14 años; ángulo de Cobb promedio de 38.5°), en la consulta externa de ortopedia de un hospital —no a niños a los que se les estuviera haciendo un tamizaje en casa— y con un teléfono dentro de una carcasa especial, no un teléfono a secas (van West et al., 2022). Lo que muestra es que un papá o una mamá pueden tomar una medición tan consistente como la del cirujano; no muestra qué tan bien se detectan las curvas pequeñas. Los detalles están en qué tan precisas son las apps de escoliómetro.

En resumen: el celular te puede dar un ATR repetible para tamizar y para dar seguimiento, pero un número elevado o en aumento es motivo para ver a un profesional, nunca un sustituto.

¿Y en los adultos?

La convención de 5° y 7° salió del tamizaje de niños y adolescentes. Un adulto puede usar perfectamente el escoliómetro para tamizar y para seguir la evolución de su espalda, pero la interpretación de un número concreto conviene platicarla con un ortopedista o un especialista en columna: la columna adulta cambia por otras razones —desgaste, cirugías previas, dolor— y el mismo 7° no cuenta la misma historia a los 15 que a los 50 años.

Los valores de referencia en México

Vale la pena decirlo sin rodeos, porque nadie más lo dice: no hay un número mexicano. En el Catálogo Maestro del CENETEC no existe una guía de práctica clínica nacional sobre escoliosis idiopática del adolescente. La NOM-047-SSA2-2015 —la norma oficial para la atención de adolescentes de 10 a 19 años— define la prueba de Adams y la señala, en su Apéndice A informativo, entre las alteraciones que pueden detectarse en el consultorio, con envío al segundo nivel si resulta positiva; pero no fija un número, ni una frecuencia, ni una manera de registrar el resultado. Y la Cartilla Nacional de Salud del grupo de 10 a 19 años no tiene ningún apartado de columna ni de postura.

Es decir: los 5° y 7° que verás en esta guía provienen del trabajo de Bunnell y del uso internacional en programas de tamizaje, no de una norma mexicana. Ese hueco es justo el que llena una serie de lecturas anotadas en el tiempo: cuando llegues a consulta —al consultorio de la farmacia, a tu unidad de medicina familiar o con un particular— llegas con un registro, no con una impresión.

Preguntas frecuentes

¿La lectura del escoliómetro es lo mismo que el ángulo de Cobb?

No. El escoliómetro mide el ángulo de rotación del tronco en la superficie de la espalda. El ángulo de Cobb se mide en una radiografía de la columna. Están relacionados, pero no son intercambiables, y ningún escoliómetro puede darte un ángulo de Cobb.

A mi hijo le salió 5°, ¿me debo preocupar?

Cinco grados está en el límite, no en la alarma, y muchas lecturas de este rango no corresponden a una curva importante. Vuelve a medir con calma, anota cada lectura y acorta el intervalo entre revisiones, sobre todo durante el estirón. Si tu hijo o tu hija vive con sobrepeso u obesidad, un 5° o 6° que se repite ya es razón suficiente para pedir una valoración.

¿7° significa automáticamente escoliosis?

No. 7° es el valor de referencia que más se usa en los programas de tamizaje para sugerir una valoración profesional, no un diagnóstico. Sólo un profesional, casi siempre con una radiografía, puede confirmar la escoliosis y medir la curva.

¿A cuántos grados de Cobb equivale una lectura de 7° o 10°?

A ninguno: no existe una conversión confiable. En promedio, un ATR más alto acompaña a una curva más grande, pero la correlación reportada va de alrededor de 0.46–0.54 con el ángulo de Cobb (Amendt, 1990) a cerca de 0.7 (Coelho, 2013), y la dispersión entre personas es enorme. La idea de que 7° equivale a unos 20° de Cobb circula mucho, pero ninguna fuente publicada la reporta como un hallazgo.

¿Por qué me dio un número distinto la segunda vez?

Pequeñas diferencias en qué tanto se inclina la persona, dónde se apoya el aparato, en qué nivel de la espalda mediste, quién tomó la medición y cómo estaba colocada la persona cambian la lectura. Entre dos examinadores distintos, el margen de acuerdo reportado llega a ±4.4° (Balg et al., 2014). Mide toda la columna, anota el valor más alto y procura que siempre mida la misma persona con la misma técnica.

¿Mido la parte alta o la parte baja de la espalda?

Las dos. Recorre toda la columna con la persona inclinada hacia adelante y anota el ATR más alto que encuentres. La rotación puede aparecer en la parte alta (torácica) o en la baja (lumbar).

¿Cuánto cambio importa?

No hay un número único aceptado para decir que algo ya cambió. Un cambio pequeño en una sola medición casi siempre es ruido: las mediciones varían varios grados entre una persona y otra. Lo que sí amerita que lo revise un profesional es un aumento que se mantiene cuando repites la medición con cuidado, con la misma técnica y la misma persona midiendo.

¿Los adultos pueden usar estos mismos valores?

La convención de 5° y 7° viene del tamizaje de niños y adolescentes. Un adulto puede usar el escoliómetro para tamizar y para seguir la evolución, pero conviene platicar la interpretación de un número concreto con un ortopedista o un especialista en columna, porque la columna adulta cambia por otras razones.

Registra cada lectura y observa la tendencia

La app Scoliometer mide el ángulo de rotación del tronco y te deja anotar cada lectura desde tu celular, para que veas la evolución en vez de reaccionar a un solo número. Es una ayuda de tamizaje, no una herramienta de diagnóstico.

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Aviso médico: este artículo es material educativo general y no constituye consejo médico, diagnóstico ni tratamiento. Un escoliómetro en el celular mide el ángulo de rotación del tronco como ayuda de tamizaje; no mide el ángulo de Cobb y no puede diagnosticar escoliosis. Los resultados varían según la edad, la madurez esquelética, el tipo de curva, la técnica, el equipo utilizado y factores individuales. Consulta siempre a un profesional de la salud sobre tu columna o la de tu hijo o hija.



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